Por María González Pérez

La práctica regular de actividad física conlleva beneficios reconocidos para la salud física y mental, además de sobre indicadores académicos como las funciones ejecutivas centrales, la atención y el rendimiento académico en niños y adolescentes. Sin embargo, el cumplimiento de las recomendaciones mínimas de actividad física sigue siendo escaso durante la niñez y, especialmente, en la adolescencia. Tanto dentro como fuera de la jornada escolar, los niveles de actividad física resultan insuficientes, dibujando un escenario poco favorable para el desarrollo saludable del alumnado. Ante esta situación, quienes trabajamos en la promoción de la salud coincidimos en la necesidad de actuar, y los centros educativos se presentan como un entorno privilegiado para hacerlo. No en vano, es en la escuela donde el alumnado pasa gran parte de su tiempo diario durante etapas clave para la adquisición y consolidación de hábitos que pueden acompañarle toda la vida.

Por este motivo, en los últimos años han surgido numerosas iniciativas desde el ámbito educativo orientadas a incrementar los niveles de actividad física durante la jornada escolar. Algunas de ellas ya han sido abordadas en este blog, como las estrategias para una Educación Física más activa o la dotación de recursos y adaptación de espacios para fomentar recreos activos. Sin embargo, más recientemente y en consonancia con la creciente apuesta por metodologías activas y experienciales en las que el alumnado se sitúa en el centro de su propio proceso de enseñanza-aprendizaje, ha cobrado fuerza un nuevo enfoque pedagógico conocido como Aprendizaje Físicamente Activo. Éste no es más que incorporar la actividad física en materias que tradicionalmente se imparten de manera sedentaria (por ejemplo, matemáticas, inglés o historia), sin modificar o afectar al contenido académico. 

Existen varias investigaciones que han analizado el efecto de este tipo de enfoque, encontrando mejoras no solo en los niveles de actividad física, sino también en indicadores académicos como el rendimiento académico, o funciones cognitivas como la atención, memoria o funciones ejecutivas. Relacionado con estos indicadores surge el concepto de tiempo en la tarea (time-on-task), referido como la cantidad de tiempo observada que los estudiantes dedican activamente a las tareas académicas. Esta variable es de especial interés porque sirve como indicador indirecto de comportamientos observables relacionados con la atención, que son fundamentales para el rendimiento académico. Sin embargo, aunque este enfoque pedagógico parece muy prometedor, sus efectos han sido estudiados sobre todo en educación primaria, siendo aún poco concluyentes en estudiantes de educación secundaria. 

En este contexto nació el proyecto ACTIVE CLASS, cuyo objetivo fue analizar el efecto del aprendizaje físicamente activo en estudiantes de educación secundaria. A partir de este proyecto se desarrollaron varias investigaciones, entre las que destaca el estudio centrado en el impacto de este enfoque sobre el tiempo en la tarea del alumnado. Este trabajo dio lugar al artículo científico titulado: “A mixed-methods approach of the effect of physically active learning on time-on-task in the secondary education class: The ACTIVE CLASS study” , con un doble propósito: analizar el efecto de una intervención de aprendizaje físicamente activo sobre el tiempo en la tarea durante las propias sesiones y en la clase inmediatamente posterior, así como contrastar estos resultados con la percepción y los testimonios del profesorado.

Este estudio tuvo un diseño controlado aleatorizado donde el grupo experimental realizó una lección semanal de aprendizaje físicamente activo en la asignatura de matemáticas, mientras el grupo control siguió con su metodología de clase tradicional. A ambos grupos se les evaluó de manera individual antes y durante la última semana de intervención (con aprendizaje físicamente activo)  el porcentaje de tiempo en la tarea durante la lección de matemáticas, así como en la lección consecutivamente posterior.  El porcentaje de tiempo en la tarea se registró atendiendo a la siguiente clasificación:

  1. 1. En la tarea: Comportamientos donde los estudiantes estuvieran atentos y siguiendo activamente las instrucciones del docente o normas del aula.
  2. 2. Fuera de la tarea: Comportamientos donde los estudiantes no prestan atención o cumplen con las normas del aula. Este comportamiento a su vez se categorizó en tres tipos:
          1. 2.1. Fuera de la tarea-motor: Si el comportamiento disruptivo o que rompía con las normas del aula era de carácter motor.
        1. 2.2. Fuera de la tarea-ruido: Si el comportamiento disruptivo o que rompía con las normas del aula era de carácter de ruido (gritos, conversaciones con compañeros…).
      1. 2.3. Fuera de la tarea-pasivo: Momentos donde los estudiantes no participa en ninguna interacción ni hace nada cuando se espera que participe.

Adicionalmente, una vez finalizada la intervención se realizaron entrevistas individuales semi estructuradas con los docentes implicados, de donde se extrajeron exclusivamente aquellas respuestas relacionadas con el tiempo en la tarea de los estudiantes. 

Los resultados revelaron que el grupo que realizó lecciones de aprendizaje físicamente activo aumentó significativamente su porcentaje de tiempo en la tarea a la vez que redujeron significativamente su porcentaje fuera de la tarea de carácter de ruido durante las lecciones de matemáticas en comparación con el grupo control. Este efecto también se extendió a la clase posterior a la implementación del aprendizaje físicamente activo donde el grupo que lo realizó siguió presentando porcentajes significativamente más elevados de tiempo en la tarea y reducidos de fuera de la tarea motor, en comparación con el grupo control. Adicionalmente a estos datos, los testimonios de los docentes destacaron mejoras en la atención, comportamiento y participación de sus estudiantes durante las lecciones con aprendizaje físicamente activo

Durante la lección

Aumento significativo del porcentaje de tiempo en la tarea y reducción del porcentaje fuera de la tarea de carácter de ruido

Clase posterior

Mantenimiento del efecto en la sesión siguiente, con porcentajes más elevados del tiempo en la tarea y porecentajes más reducidos de fuera de la tarea motor

Percepción del profesorado

Mejora en la atención, el comportamiento y la participación del alumnado durante las lecciones con aprendizaje físicamente activo.

A la luz de estos hallazgos, el aprendizaje físicamente activo se presenta no solo como una estrategia viable para introducir más movimiento en la educación secundaria, sino también como un recurso pedagógico con potencial para mejorar el comportamiento y la implicación del alumnado en el aula, abriendo nuevas oportunidades para una escuela más activa y saludable.