Por Luis García-González

Cuando pensamos en las clases de Educación Física, solemos imaginar actividades, contenidos y recursos didácticos. Sin embargo, tan importante como lo que enseñamos es cómo lo enseñamos. El ambiente que generamos en cada sesión influye en la manera en que el alumnado vive la asignatura: si la disfrutan, si se implican activamente, si se sienten competentes o, por el contrario, si experimentan ansiedad y desmotivación.

Este ambiente, conocido en la literatura como clima motivacional, ha sido ampliamente estudiado en las últimas décadas a partir de la Teoría de las Metas de Logro (Ames, 1992; Nicholls, 1989). De forma general, se establen dos tipos de climas motivacionales:

1. Clima orientado a la tarea

El docente pone el foco en la mejora personal y el esfuerzo.

2. Clima orientado al ego

El éxito se entiende a través de la comparación con los demás y la superación de los otros.

En Educación Física, ambos climas pueden darse simultáneamente, pero los efectos que tienen en la motivación y en la experiencia del alumnado son muy diferentes.

En esta entrada abordaremos de manera clara y práctica:

  • 1: Qué son los climas motivacionales y cómo se manifiestan en las clases de Educación Física.
  • 2: Qué consecuencias tienen sobre la motivación, el disfrute y la participación del alumnado.
  • 3: Qué estrategias podemos emplear como docentes para favorecer un clima orientado a la tarea.

Clima orientado a la tarea y clima orientado al ego

El clima orientado a la tarea se caracteriza porque el éxito se mide en relación con el propio progreso del estudiante. El énfasis está en mejorar respecto al punto de partida, esforzarse, aprender nuevas habilidades y disfrutar del proceso. En este tipo de clima, todo el alumnado puede experimentar éxito, ya que no importa tanto el nivel inicial como la mejora alcanzada.

Ejemplo: un profesor de secundaria que felicita a cada estudiante por reducir unos segundos su tiempo en una carrera de resistencia respecto a la semana anterior está generando un clima de tarea. No importa quién haya sido el más rápido, sino que cada uno vea reconocido su esfuerzo y progreso personal.

En cambio, el clima orientado al ego define el éxito en función de la comparación con los demás. Aquí lo importante es ganar, ser el primero o destacar sobre el resto. El problema es que solo unos pocos pueden sentirse exitosos: los que tienen más habilidades motrices o una mejor condición física.

Ejemplo: si un docente organiza una carrera y felicita únicamente al ganador, sin atender al progreso de los demás, está potenciando un clima de ego. Aunque esta práctica pueda motivar a algunos estudiantes, para muchos otros generará desmotivación y sensación de fracaso.

La diferencia fundamental entre ambos climas es que en el primero el éxito es inclusivo (todos pueden mejorar), mientras que en el segundo es exclusivo (solo unos pocos ganan).

Efectos en la motivación del alumnado

Numerosos estudios han demostrado que el clima motivacional tiene un impacto directo en la motivación y las experiencias emocionales del alumnado (Abós et al., 2017; García-González et al., 2019).

En resumen, mientras el clima tarea abre la puerta a que todo el alumnado viva experiencias positivas, el clima de ego tiende a beneficiar a unos pocos y a perjudicar a muchos.

La combinación de climas: ¿un equilibrio posible?

Aunque a menudo se presentan como polos opuestos, los climas de tarea y ego pueden coexistir en mayor o menor medida.

La investigación reciente muestra que un clima predominantemente orientado a la tarea, con dosis moderadas de ego, puede generar experiencias positivas (Jaakkola et al., 2015; Weeldenburg et al., 2020). En este caso, la mejora personal sigue siendo el criterio principal, pero se introducen pequeños retos o competiciones puntuales que añaden un componente de desafío.

Por ejemplo, organizar un torneo de baloncesto donde se valora tanto el resultado como la cooperación y el esfuerzo de cada equipo. En este contexto, la competición existe, pero no es el único ni el principal criterio de éxito.

En cambio, cuando el clima de ego es predominante y el clima tarea bajo, los efectos suelen ser negativos. Esto ocurre, por ejemplo, cuando el profesor basa sus clases en competiciones continuas, clasificaciones y comparaciones públicas, sin atender al progreso individual.

Implicaciones prácticas para el profesorado

A partir de la evidencia científica, podemos extraer algunas recomendaciones prácticas para favorecer un clima tarea en las clases de Educación Física:

Conclusiones

El clima motivacional que creamos en las clases de Educación Física no es un detalle menor: es un factor determinante para el disfrute, la motivación y la participación del alumnado.

Favorecer un clima orientado a la tarea significa apostar por un enfoque inclusivo, donde todos los estudiantes tengan la oportunidad de sentirse competentes, autónomos y parte de un grupo. Esto no solo mejora la experiencia en la asignatura, sino que aumenta la probabilidad de que mantengan hábitos de actividad física más allá de la escuela.

El clima orientado al ego, en cambio, debe utilizarse con cautela. Si se convierte en el enfoque predominante, puede provocar ansiedad, frustración y abandono. En dosis moderadas, y siempre en combinación con un clima tarea sólido, puede añadir un  componente de reto y emoción.

Como docentes, tenemos en nuestras manos la capacidad de construir contextos de aprendizaje que no solo enseñen habilidades motrices, sino que también fomenten la motivación, el bienestar y el compromiso con la actividad física. Apostar por un clima tarea no es simplemente una opción metodológica: es una estrategia pedagógica fundamental para que la Educación Física cumpla su función de promover un estilo de vida activo y saludable.